BASTIDORES

HISTORIA DEL BASTIDOR.

Sorprendentemente, los bastidores parecieron no interesar demasiado a los pintores y fueron siempre un objeto de dudosa importancia. Sólo en nuestro días acaparan mayor atención y son centro de numerosos estudios, por la constatación de graves consecuencias que implican su mal funcionamento o su deterioro. Los bastidores sirven para sujetar la tela y mantenerla rígida y tensa. Los primeros lienzos clavados a primitivos bastidores sustituyeron los soportes rígidos de madera (las tablas) por listones más ligeros pero conservando su carácter inmóvil.
Las primeras telas se tensaban sobre maderas sólidas y posteriormente, sobre bastidores, aunque fijos y con los listones clavados entre sí, lo que impedía tensar la tela regularmente. Según parece, estas primeras obras fueron probablemente pintadas antes de ser clavadas en el bastidor, donde se ponían una vez finalizado el trabajo. Entre tanto, permanecían sujetas con cuerdas a un bastidor provisional.

SITEMAS DE ANCLAJE

    • Bastidores fijos
Los bastidores fijos suelen llevar clavos en los angulos para que no se desmonten. Los ensambles habitualmente son a media madera y los clavos tienen la función de mantener unidas las piezas con firmeza. Al no permitir el movimiento de la tela, acaban por desgarrarla.
Si el bastidor es demasiado grande puede llevar varios travesaños, incluso formando una cruz. Todos los travesaños van ensamblados entre sí y al bastidor. Los bastidores curvos también los llevan.
    • Bastidores expandibles
      • Sistema Español
      • Sistema Francés
    • Bastidor de tensión constante

CARACTERÍSTICAS DE UN BUEN BASTIDOR

    • Tipo de madera
    • Biselado
Para solucionar los problemas del roce de la tela con las aristas del bastidor (durante la ejecución de la pintura y posteriormente, cuando con el tiempo la tela se afloja marcándose sobre éste) existen bastidores biselados.
Los bordes de los bastidores, sobre todo de los antiguos son de aristas vivas, pero hoy esta arista en contacto con la tela (fig 4.5 a) aparece muchas veces biselada. Los resultados son muy positovos, pues no rozan el lienzo por su lado interno. Visto en sección podrían presentar las siguientes formas: en el primer caso, el tejido rozará contra el bastidor, cortándose a lo largo de la arista viva (fig 4.5 a). Por el anverso de la obra será evidente un recuadro desgastado con pérdidas de pintura, coincidente con el borde interno del bastidor. En el segundo caso hay un bisel, tanto en la parte superior del bastidor (muy suave) como en la inferior. La tela ya no rozará contra la arista (fig 4.5 b), ni tampoco la superior por tanto no serán tan cortantes. Además al ser algo romo, la tensión resultará más uniforme. Existen otras maneras de biselar como vemos en la siguiente figura.


      
Otros bastidores llevan un junquillo por todo el perímetro para evitar el roce con el lienzo (fig 4.5 c), pareciéndose así al tipo en forma de pestaña, pero sin estar tallado en la madera, ya que este va encolado. El tipo más correcto correspondería al bastidor con pestaña superior y bisel, que mantiene la tela sin estar en contacto con la madera. Los de bisel inferior son más frecuentes, pero tiene el problema de que gran parte de la tela está en contacto con la madera del bastidor, sobre todo a la hora de pintar, pudiendo llegar a pegarse con la pintura el lienzo a la madera.
    • Sin nudos
    • Lijado

TENSADO DE LA TELA A UN BASTIDOR



    • Cómo realizar pliegues de las esquinas.

 

 SUJECCIÓN DE LA TELA AL BASTIDOR

La forma de mantener sujeta la tela al bastidor puede ser mendiante:
  • Clavos, puntas o tachuelas: Muy utilizadas fueron las puntas de madera, que pervivieron durante largo tiempo con una forma similar a la espina de rosa y procedentes de arboles espinosos. Después se emplaron los clavos de forja en hierro (en los que aparecián las huellas del martillo), robustos y afilados en la punta, a partir del siglo XIX, y seguidos posteriormente por los clavos, desde mediados de ese siglo hechos a máquina. Este tipo de puntas terminan por oxidarse y romper la tela. Hoy normalmente se utilizan tachuelas de tapicero, pero también existen clavos inoxidables, cortos y con cabeza de poco grosor, grande y aplastada. La tela se puede clavar por el borde o por el reverso del bastidor. De este último modo la tensión en el lienzo es más uniforme.
  • Grapas: muy frecuentes en la actualidad. Son cómodas de colocar, agarran bien a la tela gracias a la mayor superficie que cubren, pero pueden oxidarse y quebrarse con rapidez dado a su escaso grosor. Existen galvanizadas o de cobre.
En muchas obras, finalmente, los bordes y las cabezas de las puntas van cubiertas y protegidas con una cinta adhesiva de papel con la finalidad de aislar los clavos del medioambiente y la humedad. Habrá que descartar siempre las tiras de papel adhesivo con gomas naturales, que pueden condensar la humedad sobre el metal de los clavos.

LAS CUÑAS.

  • Definición.
  • Aplicación.
  • Función e história.
Introducidas en Francia en 1754, las cuñas en las esquinas del bastidor pueden ser simples (llamadas españolas) o dobles (francesas) y sirven para tensar la tela.
 
Las cuñas permiten que el bastidor se abra aumentando de tamaño, agrandando y tensando consecuentemente el lienzo. La cuña desplaza los listones del bastidor pero hace, en las uniones en espiga simple, que una de las piezas sobresalga, rompiendo la tela (Fig 4.6 a). En los bastidores de horquilla, al golpear las cuñas en el sentido de las flechas, el bastidor se abre quedando desencajado y haciendo un pequeño relieve o salto (Fig 4.6 b).
En los bastidores de bisel, al introducir las cuñas, estos se abrirán por su centro (Fig 4.7 a) produciendo así una tensión homogéneamente repartida entre los dos lados de la tela.


En los de ensamblaje curvo, la separación se produce sobre todo en la parte central, en una zona que apenas tiene contacto con la tela; el único punto en contacto es muy pequeño (Fig 4.7 b).
Los travesaños también llevan cuñas para ajustarse bien al bastidor y no quedar flojos, impidiendo al tiempo que el conjunto alabee o se desescuadre.
Hoy normalmente los bastidores son de pino por tratarse de una madera barata, y las cuñas de haya, que es más dura. La veta de la cuña debe ir hacia la esquina, de forma que no se rompa cuando se golpee al introducirla (durante los tensados). Con mucha frecuencia, especialmente en Galicia, aparecen bastidores de maderas duras excelentes, pues no es raro que se hagan de castaño o roble. Siempre que un bastidor tenga las cuñas rotas o demasiado pequeñas para poder abrirlo, se deberán cambiar por otras nuevas.



Bibliografía:


http://books.google.es/books?id=yJAfhH1jtEwC&pg=PA137&lpg=PA137&dq=para+que+sirve+la+cu%C3%B1as+en+los+bastidores&source=bl&ots=irwnXOhhrT&sig=4yzQGj8HvCxqmRdDsCFBCM_hTw0&hl=es&sa=X&ei=fsajUKnTO8axhAeajIDQAg&ved=0CDgQ6AEwAg#v=onepage&q=para%20que%20sirve%20la%20cu%C3%B1as%20en%20los%20bastidores&f=false

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